Un atisbo a la cultura política mexicana desde el humor

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Jorge Alberto Rivero Mora[1]

                                          No hay nada más inútil en la vida que la próstata y los presidentes

Eduardo del Río Rius

 

En el extenso ámbito de la cultura política, el humor, el relajo y la irreverencia, más allá de su natural condición de entretenimiento, son expresiones informales de resistencia pasiva y de desafío; de catarsis o de crítica que se gestan, no solamente en la cotidianidad del ciudadano común y corriente, sino como construcciones que pueden representarse desde el campo de la creación artística (películas, fotografías, caricaturas,imagesU5G92EJ5 historietas, etcétera).

En este sentido, la noción de cultura política posee una naturaleza polisémica y multidimensional y por ello este campo de reflexión, debate y polémica ha cobrado en los últimos años una gran importancia. Por lo anterior, resulta relevante no solamente ponderar a la cultura política en sí misma, sino también a los discursos adjuntos, los contextos e intencionalidades que giran a su alrededor, por ejemplo el humor político.

Y es que los esfuerzos por enlazar lo formal y estricto de lo científico, con lo gracioso o divertido de lo cotidiano nos lleva a reflexionar cómo el análisis del humor ha sido, si no desdeñado, sí poco estudiado en las ciencias sociales. En el caso del humor y su peculiar relación con la cultura política, ésta última se puede ver representada en distintas expresiones que la sociedad edifica para denuncias a sus corruptos o autoritarios gobernantes.

a_lopezannaAsí, diversos apelativos se han dirigido a célebres políticos, por ejemplo: “el quince uñas” a Antonio López de Santa Anna (aludiendo a su extremidad inferior amputada); “el nopalito” a Pascual Ortiz Rubio por su debilidad ante Plutarco Elías Calles; “López Paseos” a Adolfo López Mateos por sus numerosas giras presidenciales; los motes de “mandril” y “hocicón” a Gustavo imagesEBG53JC9Díaz Ordaz; los acrónimos Jolopo a José López Portillo o Fecal a Felipe Calderón; así como los numerosos chistes dedicados a diferentes presidentes de la República.[2]

De esta manera, los mexicanos al reírse de la política y sus representantes los desmitifican y con ello se vuelven susceptibles de crítica y de burla, por lo que en esta reproducción de prácticas e interpelaciones, se configura una cultura política en donde la utilización del humor cobra protagonismo al ridiculizar a personajes y sucesos desde distintos formatos como la parodia, la caricatura, la sátira, la ironía o del chiste.

imagesF00MI34EEn el humor  entonces se visualizan rasgos de una cultura política específica y en el caso mexicano, los chistes, las burlas o las alusiones críticas reflejan parte de la idiosincrasia nacional en un intento de revancha popular o de catarsis a sus nocivos gobernantes. Por ejemplo en el campo de las artes, la música, la canción popular, el teatro, la carpa o el cine, ernesto_garcia_cabraldesde el siglo XIX, se convirtieron en excelentes vehículos de crítica y de caricaturización, ya fuera en versos  musicalizados como Adiós Mamá Carlota, de Vicente Riva Palacio; las ácidas críticas de las caricaturas de El hijo del Ahuizote; los excelentes grabados de José Guadalupe Posada; o las notables caricaturas de Miguel Chamaco Covarrubias o Ernesto García Cabral El chango.

imagesA8132OA8En el ámbito escénico destaco los trabajos de los cómicos Leopoldo Cuatezón Beristaín (1875-1948); Roberto Panzón Soto (1888-1960); Joaquín Pardavé (1900-1955) Amelia Wilhelmy (1900-1964); Delia Magaña (1903-1996); Jesús Martínez  Palillo (1907-1994) o Mario Moreno Cantinflas (1911-1993) quienes desde la carpa o el teatro popular hicieron fuertes burlas a los políticos de su época. En este orden de ideas la carpa funcionó como el espacio de la risa y esparcimiento para las clases más bajas y en estos lugares el público asistente podía enterarse de las noticias políticas del momento, las cuales se parodiaban de manera muy crítica y humorística a la vez.[3]untitled

Basta señalar como ejemplos las puesta en escena de El país de la metralla (1913) que aborda el golpe de Estado de Victoriano Huerta contra Francisco I. Madero; los montajes de la compañía de El Panzón Soto como El desmoronamiento de Morones (1929), en la que se hace una aguda crítica a Luis Napoleón Morones, líder de la Confederación Regional Obrera de México (CROM); El caníbal de Tabasco(1935), que alude al anticlerical gobernador de dicha entidad, Tomás roberto-soto_El_panzonGarrido Canabal; La resurrección de Lázaro (1937), de Roberto Soto para burlarse del exilio de Plutarco Elías Calles; o El Máximo Pachuco (1943), obra en que Soto se mofó de Maximino Ávila Camacho, el hermano incómodo del entonces presidente de la República.

En este horizonte cultural crítico, sobresale también el esfuerzo de reconocidos caricaturistas que a través del humor imagesHPLQ2SCHretrataron con nitidez los vicios de una clase política corrupta y rapaz y de una sociedad conformista, como Ernesto García Cabral (1890-1968); Gabriel Vargas (1915-2010); Abel Quezada (1920-1991); Eduardo del Río Rius (1934); Rogelio Naranjo (1937); Rafael Barajas El Fisgón (1956); José Trinidad Camacho, Trino (1961); José Ignacio Solórzano, Jis (1963) y el jyt“monero” de La Jornada y Proceso, José Hernández, Hernández (1965).

De esta manera, considero que en el análisis de la cultura política se debe tomar en cuenta a otro tipo de huellas históricas que brinden elementos innovadores y que abran paso a otras miradas y lecturas que se pueden edificar desde diversas expresiones artísticas, espacio que aunque no está directamente comprometido con la verdad histórica, sí puede ofrecer perspectivas de análisis para alcanzar a ésta.

 


[1]Un análisis más amplio sobre el tema, puede leerse en el artículo de mi autoría “¿Ton’s qué? Una mirada a la cultura política desde el humor irreverente Tin Tan”, en Saúl Jerónimo y Miguel Hernández (coords.) La cultura política a debate, México, UAM/ Corima Books, 2014. http://corimabooks.mx/cultura-politica-a-debate-pasado-y-presente-saul-jeronimo-romero-y-miguel-hernandez-fuentes.html   

[2] Revísese el texto de Samuel Schmidt, En la mira. El chiste político, México, Taurus, 2006.

[3] Cf., Armando de María y Campos, El teatro de género chico en la Revolución Mexicana, México, INHERM, 1956; y Miguel Ángel Morales Cómicos de México, México: Panorama Editorial, 1987.

Cuatro veces uamero chintololo (Licenciatura, Maestría, Doctorado y Profesor); maestro fesacatleco, cinéfilo, melómano y cruzazulino de tiempo completo; y sociólogo e historiógrafo cuando me acuerdo.