Aproximaciones al Oriente: Miyazaki y el placer de vagabundear

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En la vida del estudiante, cuando llegan las vacaciones siempre elucubramos planes de qué es lo que haremos durante ese período, el mundo se nos presenta lleno de posibilidades y la vida nos ofrece miles de opciones llenas de esplendor para enriquecernos el espíritu o bien sólo por esparcimiento. Sin embargo, lo cierto es que aunque pensemos en visitar museos, leer libros, salir de paseo o simplemente hacer las cosas que se dejan para el “cuando esté de vacaciones”, la realidad es que casi siempre en nuestro periodo vacacional activamos nuestro cerebro en el modo “bebé”, o sea en largos periodos de sueño con breves intervalos de conciencia que se usan exclusivamente para comer, conducta que justificamos con un argumento irrefutable: “Las vacaciones son para descansar, ¿o no?” Incluso aunque ustedes no lo crean, se debe descansar del descanso mismo, ya que dentro de nuestra vida diaria nuestra mente y espíritu siempre se encuentran en estado de reposo en cuanto a recreación, aprendizaje y creatividad porque siempre nos condicionamos a realizar actividades que solo requieren de dos factores: repetición y adaptación. Es por ello que nos dedicamos a procrastinar las cosas que nos encantaría –o deberíamos- hacer todos los días; ir al gimnasio, caminar, asear el dormitorio, dormir 8 horas… Sin embargo cuando la oportunidad se nos presenta optamos por la hibernación hasta que terminen los días de descanso y por eso “no nos rinden las vacaciones”.

"El increíble astillo vagabundo"
“El increíble astillo vagabundo”

Fue en esta epifánica disertación donde descubrí que el argumento ya postulado es una de las verdades absolutas más incomprendidas y tergiversadas ya que  descansar no es sinónimo de inactividad y cese de la funcionalidad cerebral sino que implica el desahogo de las preocupaciones que nos aquejan cambiando de actividad a una que nos brinde relajación y menos estrés–como la meditación-. Es por eso que se dice que las vacaciones son para descansar. Sí, descansar de lo cotidiano, de la rutina, de lo enajenante; descansar de lo vacuo y sin sentido que conocemos a través de los leves y breves espacios que nuestras agobiantes jornadas nos permiten; descansar de lo aburrido, el hartazgo y el hastío. Por eso, en el artículo de hoy, he decidido compartirles mi experiencia de descanso vacacional mediante un acercamiento al cine oriental que, por cierto, cae como guante con el Ciclo:  “Animé: La animación japonesa de la posguerra”  presentado en la Cineteca Nacional, donde se proyectó la primera película a compartir con ustedes: El increíble castillo vagabundo, de Estudio Ghibli.

Hayao Miyazaki
Hayao Miyazaki

Para muchos el nombre de Hayao Miyazaki ya debería ser parte del dominio común y del imaginario social ya que es uno de los principales directores de animación japonesa en la actualidad ya que como cofundador de Estudio Ghibli, ha sido creador de populares filmes de animación como El viaje de Chihiro (merecedora del Oso de Oro de la Bernilale 2002 y el Óscar a la mejor cinta animada en 2002), La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro, El increible castillo Vagabundo (nominada al Óscar 2005 como mejor película animada)  y Ponyo en el acantilado (nominada al Óscar en 2009 como mejor película de animación). Sus producciones han alcanzado el interés internacional debido al tratamiento de temas como la relación del hombre con la naturaleza, el individualismo, la amistad, la juventud y la línea limítrofe entre los sueños y la realidad, sobretodo el de volar…Resultará, entonces evidente, la animadversión de todos sus fanboys (fangirls) cuando confiese que no conocía su trabajo hasta hace muy poco y fue precisamente con Howl’s Moving Castle (Hauru no ugoku shiro; El increíble castillo vagabundo) donde inició mi expedición -reciente- por el cine oriental, específicamente el animé japonés.

En esta animación encontramos ele1191537694_fmentos característicos de las producciones de Estudio Ghibli y del propio Miyazaki tales como el paisaje onírico que se entrelaza con la realidad, reflejada en cada una de las partes y secuencias de la película, así como las diversas realidades a las que se tienen acceso mediante el Castillo de Howl (izquierda) y con los habitantes de cada una, como fantásticas y fantasmagóricas creaturas tan recurrentes en estas producciones.

Sophie y Howl
Sophie y Howl

Igualmente nos invita a involucrarnos con la personalidad de cada uno de los personajes, a sentirnos identificados con sus virtudes y defectos, ya sea con la inocencia y capacidad de asombro de Sophie, con la enigmática arrogancia de Howl o con la ambivalencia de la Bruja Calamidad, sólo por mencionar un ejemplo ya que cada uno se encuentra compuesto por una serie de matices que logran un desarrollo y crecimiento de personajes, en verdad soberbio. De igual forma encontramos una estética pulcra y certera según el escenario, presentada tanto en los luminosos y coloridos campos (derecha) como en los tétricos y lóbregos sitios de guerra.

Pa´pronto y en este artículo donde se dijo todo y nada, “El increíble castillo vagabundo” es una producción que no pueden omitir dentro de su lista de “Hay que verlo antes de que se acabe el año” ya que la trama nos convida a hacer una introyección de los mensajes limpiamente manejados – como la crítica a la imposición de una Guerra en “pro de la paz”, razón por la cual fue elegida para el ciclo ya mencionado de la Cineteca.-, así como de los colores, imágenes y figuras de ensueño que nutren nuestros ojos y por ende el espíritu durante 119 -bien empleados- minutos.

Curiosa, receptiva, creativa... Aprendiz del arte sociológico. Tejedora de realidades literarias.