15 días

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Mi amor, hoy te fuiste para siempre de mi vida y no porque tú lo hayas previsto así desde el inicio sino porque yo me interpuse en tu andar libre y viajero. Te juro que no  fue con la intensión de atarte ni de impedir tu camino, te recuerdo que fuiste tú quien llamó a mi puerta, removiendo una amistad pasada y empolvada; fuiste tú, el que insistió al tiempo hasta encontrarme; tú, el que venía a cobrarme una deuda hace dos años expirada… ¿Con qué intensiones verdaderas acudías a mí?

Después de tu larga estancia en mi tierra, decidiste dedicarme el final de tu jornada, compartirme tus miedos más próximos y tus nostalgias amazónicas. Te acuné bajo mi narrativa y memoria colectiva; y de la manera más limpia y sincera procuré mis mejores conocimientos para tu baúl de recuerdos. ¡Qué viaje temporal hacía el Alcázar! ¡Que tomas tan sublimes del paisaje transtemporal, de la fusión de décadas a través del recinto! Y nosotros, como protagonistas del tiempo y de la Historia, conversamos de trivialidades filosóficas tan profundas como nuestros diálogos silentes transmitidos por miradas duras y consistentes…

cuoreAún no decido qué hacer contigo y el hueco que dejaste. Te me antojas como un huracán que ha dejado devastado mi sitio; tan pronto y volátil como explosión accidentada; tan abrasivo y dañino como ácido corrosivo. Sin embargo sé que todo aconteció como debía; mi conciencia descansa plenamente complacida por no guardar hubieras metamorfos en reproches futuros; pensé lo impensable, dije lo que quise y actué como pude, porque nunca, en ningún plano existencial pueden converger los tres estadíos de interacción humana. Verás, pensé abominablemente en cortar tus alas de explorador y atarte a mis raíces; dije de a poco, como todo florecía por y para ti; y actué como mis facultades –aun maltrechas- me lo permitían porque en tu compañía perdía toda capacidad lógica y brotaba lo incontrolable. Me fui descubriendo cada vez más embriagada de tu canto, tan bien adaptado al mío pero tan marcado por el tuyo nativo.

Los días avanzaron y seguimos navegando, dejándonos llevar por esa marea abstracta y sensorial que se construye cuando se pretende ignorar la finitud del tiempo. Posaste tus labios en los míos y te confié mi niñez oculta; tú, me regalaste tu mirada extranjera sobre lo cotidiano de mi mundo, me contagiaste esa capacidad de asombro que sólo poseen los ojos ajenos a la rutina, mi rutina. Me enseñaste a apreciar lo simple, los detalles, lo específico y ahora que ya no estás, me siento como arcilla a medio moldear.15

Me pregunto en qué momento me perdí entre tu sonrisa, tus ojos y manos. Y lo sé. Fue con cada improvisación de contacto que detonaba descargas y convulsiones,  envilecidas por la música ensordecedora de Madero. También, fue la dirección pulcra y sistemática de tu vigor danzante, la muestra de la música en tu sangre, que emanaba a través de tu cuerpo ceñido al mío.  Nos cobijamos de promesas y ritmos; de compases, cantos y latidos; conocimos la faceta más íntima del otro, nos fundimos con la bruma nocturna pues era evidente que  ya el tiempo carecía de sentido.

Después, volvimos al mundo cultural y conociste a mis ancestros. Tomé tu mano y recorrimos evolución, siglos y civilizaciones, para después mostrarte el folclor y la vida imperante en el presente. Me llevaste en hombros a través de un túnel de constelaciones que conectaban tu hogar temporal con el mío establecido, y en ese momento el tiempo corrió, las manecillas cobraron vida para recuperar la velocidad perdida. Comencé a temblar y a temer por tu ausencia, me congelé en la paranoia de no saberte conmigo, de la cobardía apoderada de nuestras lenguas, esperanzas y deseos. Comencé a sentirme relegada de tus pensamientos y marginada de tus proyectos. El veneno erosionaba mi espíritu, y entonces volviste a mí, me abrazaste y calmaste los miedos como solo pueden hacerlo tus besos, pero cómo estar segura de que me quieres tanto como yo te quiero, que me extrañas como yo anhelo, que volverás a mi lecho…

Mi amor, hoy te vi partir del aeropuerto y vi salir huyendo a mis nuevos sueños. Sentí el inefable impacto de la soledad absoluta, la opresión inigualable del derrumbe de una estructura diseñada pero inconclusa. La rabia de mis celos muerde el interior de mi vientre al dibujarte feliz en retorno a tu origen; mi pecho hierve y mi visión desvaría de imaginarte pleno pero carente de mí.  Y es que no puedo aguantar el peso de tu olvido o tu desprecio, soy escéptica de esta imaginaria hipocresía y actuación perfecta de los últimos días, porque confieso en mi tonalidad y personalidad más egoísta, sé que de haberme querido, de haberme adorado como yo te adoro, te hubieses quedado, me hubieses pedido que esperara por ti o habrías prometido volver.

Y ahora que derramo y canto lágrimas negras, te escribo para decirte que te espero, aquí con el corazón abierto…

tiempo-vuela

Curiosa, receptiva, creativa... Aprendiz del arte sociológico. Tejedora de realidades literarias.